ORIGENES DE LA TÉCNICA

Frederick Mathias Alexander comenzaba una brillante carrera como actor profesional cuando comenzó a  quedarse progresivamente sin voz durante sus actuaciones. Luego de probar sin éxito todos los tratamientos médicos que le fueron recomendados decidió investigar por sí mismo la causa de su problema.

Su primer gran descubrimiento fue la estrecha relación existente entre la voz y la forma en que usaba su cuerpo y entre la forma de usar su cuerpo y la forma de pensar.

A raíz de éste descubrimiento comenzó a desarrollar una técnica que le permitiera inhibir sus malos hábitos y usar su cuerpo de una forma más suelta, integrada y por ende eficiente.


Frederick Matthias Alexander (1869-1955)

Explorando la forma en que se usaba a sí mismo, Alexander se sorprendió al ver que cuando se disponía a declamar, inmediatamente adoptaba una postura tal que acortaba y deprimía su laringe y esto le causaba ronquera y pérdida de la voz. A través de varios experimentos descubrió que para que su voz se recuperara y sonara óptima era fundamental una relación adecuada entre cabeza, cuello y espalda y que esta relación no era solo inseparable, sino además determinante de la organización y el funcionamiento general de todo el organismo.

El primer problema que enfrentó entonces fue que lo que él percibía como una relación “natural” entre cabeza, cuello y espalda no era la mejor y cuando pretendía cambiar esta relación para permitir más espacio para su cuello, la nueva posición se sentía muy extraña y no se sentía “correcta” o “adecuada”.

Para estas investigaciones Alexander solía observarse a sí mismo en varios espejos. La situación se complicó aún más cuando descubrió que sus sensaciones kinestésicas no se correspondían con su imagen reflejada: cuando él pensaba que estaba colocando su cabeza en determinado lugar en relación con su cuello y espalda, su imagen en el espejo le mostraba que en realidad estaba haciendo algo diferente. A raíz de este descubrimiento, se dio cuenta de que su tarea era más compleja de lo que parecía en un principio, ya que debía reeducar completamente la percepción que tenía de sí mismo.

Alexander fue, así, construyendo un proceso que implicaba, en primer lugar, decir “no” (“inhibir”) a su reacción habitual de utilizar su cuerpo de determinada manera y, en segundo lugar, tomar una decisión consciente de organizarse a sí mismo de una forma nueva. Debido a la incapacidad de confiar en su percepción habitual, todo este proceso debía ser permanentemente razonado paso a paso. Este proceso de inhibición1 y dirección le permitió ir restableciendo una mejor organización de sí mismo, a la vez que iba recuperando su sentido kinestésico, de modo que, poco a poco, podía percibir con más claridad lo que realmente hacía con su propio cuerpo.

Finalmente, Alexander comenzó a poder mantener el alargamiento de su estatura mientras declamaba, logrando una voz plena y resonante con gran libertad y capacidad en la respiración.
Sus colegas comenzaron a admirar su nueva voz y a querer aprender de él. Así es que Alexander empezó a enseñar y rápidamente se volvió famoso en Australia como el hombre de la respiración. Por recomendación de varios conocidos y admiradores de su técnica, en 1904 viajó a Londres y muy pronto comenzó a trabajar con los actores y personalidades más influyentes de la época, cobrando fama internacional.

 

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* El concepto de inhibición tal como lo formuló Alexander no tiene nada que ver con el manejado comúnmente en psicología. Alexander se refería con ésta palabra a la facultad natural de seres humanos y animales de reorganizar sus mecanismos reflejos antes de lanzarse al movimiento.

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